EL CIENTO VEINTICINCO

EL CIENTO VEINTICINCO

Se sumó a los aplausos, pensando son buenos. Rascó el bolsillo y les dio unas monedas.

Cuando se fueron los músicos, subieron bolsos coloridos con medias y luego almanaques a voluntad, pero ya estaba refugiado en las teclas del celular y sin un mango. Los discursos de los vendedores le llegaron como un murmullo. De manera mecánica reiteró un “no gracias” a “ofertas imperdibles”.

Pese a su intento de borrar los sucesos del día, su cabeza quedó en el replay de la lista de compañeros de trabajo que ingresarían al seguro de paro. La sensación de dolor se mezcló con el alivio de haberse salvado. Respiró hondo.

Sin embargo lo envolvió una sensación de inquietud ligada al recuerdo de la charla del desayuno con Mariana, previa a la salida a sus trabajos. El temor de su compañera a que el descenso de las ventas la hiciera peligrar en su empleo lo preocupaba.

La ventanilla le dijo que estaba llegando a destino. Caminó hasta la puerta trasera del bus, oprimió el timbre y bajó en la parada. En la vereda, apenas miró un brazo que sobresalía rescatando cartones del contenedor abierto. La escena era muy repetida para sorprenderlo.

Caminó rápidamente la cuadra que lo separaba del hogar. Una vez adentro, prendió la tele, se dirigió a la cocina y encendió la hornalla. Tomó la caldera, la llenó de agua y colocó en el fuego. Mientras esperaba el hervor fue volcando la yerba en él mate. Desde la pantalla, llegaba una voz diciendo que el porcentaje de desempleo era razonable “pese al leve aumento”. Meneó la cabeza. Algo no le cerraba. Crédulo por naturaleza trató de convencerse pensando que no entendía mucho de números.

Volvió al comedor. El entrevistado continuaba explicando que la economía mostraba una producción creciente. Sus dudas retornaron. La mano, buscó el control remoto para cambiar el canal. No pudo evitar que se le escapara una puteada.

La caldera chiflaba y retornó a la cocina. Tomó el termo en una mano y con la otra fue volcando el agua caliente. Olvidó sus problemas por un instante, lo llamaba el calor y el sabor del amargo.

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