EQUIDAD. NUMEROS Y REALIDAD.

Mientras el Instituto Nacional de Estadísticas, difunde cifras que pretenden fundamentar supuestos avances en la distribución del ingreso, los datos de la DGI, contradicen el optimismo. El 1% más rico de la población recibe ingresos similares al 50% más pobre. Un recorrido por Montevideo y el país, también nos permite ver un Uruguay muy alejado de la equidad.

La desigualdad y los termómetros.

La desigualdad en la distribución se puede analizar en términos de ingresos o de riqueza mediante el patrimonio. En el primer caso, tomando como referencia los datos referidos a salarios, trabajadores por cuenta propia, utilidades del capital, obtenidos periódicamente, en el segundo analizando la distribución de tierras, construcciones y demás formas que asume la propiedad y acumulación de riquezas.

Los indicadores económicos habituales se refieren esencialmente a la distribución del ingreso y en el caso uruguayo son elaborados por el Instituto nacional de Estadísticas mediante la denominada Encuesta Continua de Hogares (ECH) realizada sobre un porcentaje reducido de la población mediante una muestra estadística. En consecuencia la representatividad de los datos obtenidos queda sujeta a la calidad de la muestra en cuanto constituya o no una buena imagen de la realidad.

En ese plano, las carencias que reveló la realización del Censo general del 2011 mostraron la distancia entre la realidad y la información de las estadísticas oficiales. El fracaso en los plazos previstos y cobertura de la población a censar desnudó el desconocimiento del Uruguay real y necesariamente una muestra estadística elaborada a partir del desconocimiento demográfico va a reproducir de manera ampliada los errores de información.

Además el análisis de la evolución de datos en el tiempo se dificulta e incluso se puede considerar que se inviabiliza como consecuencia de frecuentes cambios en las definiciones de las variables a cuantificar, en las formas de medir los ingresos, en el diseño de las muestras estadísticas y una serie de factores coyunturales. En particular la imputación del seguro de salud como si fuera un ingreso efectivo para los trabajadores y la forma de contabilizarlo distorsiona las posibilidades de comparación con los años precedentes.

La difusión de datos elaborados mediante un trabajo realizado por investigadores del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas, denominado Desigualdad y altos ingresos en Uruguay (G. Budiño, F. Esponda, A Vigorito) que analiza el período 2009-2011, tomando como fuentes a la Dirección General Impositiva y al BPS, presenta rangos de desigualdad claramente superiores a los que registra la Encuesta Continua de Hogares. En lo particular creo que el documento confirma la escasa confiabilidad de los datos que difunde el INE y su distancia respecto a la realidad.

Las cifras son impactantes. Un reciente artículo del economista Antonio Elías publicado en el semanario Voces tomando como referencia la mencionada investigación resalta de manera fundamentada mediante cuadros estadísticos de su elaboración la contundente información que se refleja incluso en el título de su escrito denominado “En Uruguay el 1% más rico recibe ingresos similares al 50% más pobre”. i

Incluso más allá de los registros, la realidad entra también por los ojos del que quiera verla. La población en situación de calle se incrementa, se extienden los cantegriles, y se pueden visualizar los más diversos síntomas de las profundas brechas existentes entre los ingresos y la riqueza de diferentes franjas de la población.

Territorio e inequidad.

La distribución de la riqueza en términos de patrimonio no es registrada con la misma frecuencia que los ingresos. Apenas los censos agropecuarios realizados aproximadamente cada diez años, nos informan datos sobre la propiedad de la tierra.

En particular el último censo revela la profundización de los rangos de extranjerización, concentración, y disminución del número de establecimientos rurales. Las cifras son contundentes. Entre 2000 y 2011, se perdieron aproximadamente 11.000 unidades rurales. El 9% de los predios ocupan el 60% del territorio en el marco de un explosivo proceso de extranjerización.ii

En otro plano, las características del reciente boom de construcción de viviendas concentradas en la franja costera y de muy elevada cotización constituyen otro síntoma que revela la magnitud de la concentración de riquezas.

Los efectos sobre la demanda y dinámica reciente.

La industria y el comercio disminuyen su actividad en el primer trimestre del 2014. La demanda de los sectores de altos ingresos no alcanza para sostener un crecimiento de largo plazo especialmente cuando el contexto internacional comienza a cambiar de signo para las exportaciones uruguayas.

La evolución de las ventas de los diferentes sectores de comercio constituye todo símbolo de un Uruguay fracturado. Mientras continúa la expansión en la importación y venta de vehículos cero kilómetro y de los viajes al exterior, correlacionados claramente con la demanda proveniente de sectores de ingresos altos y medios, o eventualmente con el incremento del crédito al consumo se reducen las ventas en supermercados y vestimenta vinculadas al consumo del grueso de la población.

En resumen La desigualdad se revela por todos lados. Excepto en los datos del INE.

i Elias Antonio. Artículo en el semanario Voces abril 2014.

ii Una extensión de estos datos conceptos se pueden ver en Rocca José. Tierra agua y soberanía. Crónica de una entrega no anunciada. Editorial Tupi Nambá. Montevideo mayo 2014.

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